TIERRA SANTA: Taller misionero, un espacio de encuentro, reflexión y renovación de la vocación misionera
En este año en que se celebra el centenario de las Obras Misionales Pontificias, la Iglesia en Tierra Santa se reunió para un Taller Misionero dedicado a reflexionar sobre lo que significa ser misionero hoy.
En una tierra donde cada día se encuentran pueblos, culturas, tradiciones y realidades diferentes, la vocación misionera invita a detenerse, escuchar y discernir dónde se necesita nuestra presencia. A través de su Comité, las Obras Misionales Pontificias en Tierra Santa reunieron a cerca de 50 participantes procedentes de Galilea, Nazaret, Jerusalén y otras comunidades. Laicos, jóvenes, religiosos y religiosas participaron en un espacio de encuentro, reflexión y renovación de la vocación misionera en la Iglesia de Tierra Santa.
El objetivo fue fortalecer la animación misionera y renovar el compromiso al servicio de la Iglesia y de los pueblos de Tierra Santa.
Tres voces ofrecieron perspectivas diferentes y complementarias sobre la misión hoy.
Su Beatitud el cardenal Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén, invitó a los participantes a preguntarse cuáles son las nuevas formas de pobreza que existen hoy y qué necesita realmente nuestra sociedad. La misión, subrayó, no consiste simplemente en seguir haciendo lo que siempre se ha hecho, sino que exige discernir dónde está llamada a estar presente la Iglesia hoy: acompañando, formando, acogiendo y convirtiéndose en una presencia significativa.
El padre Francesco Ielpo, OFM, Custodio de Tierra Santa, situó la comunión en el corazón de la misión, recordando las palabras de Jesús: «Que todos sean uno». En una Tierra Santa marcada por la diversidad, destacó la importancia de la comunión, el diálogo, la cercanía y la fraternidad. La misión comienza con el encuentro, la escucha y el servicio, y encuentra en Jesús la fuente que une y envía a construir fraternidad.
La hermana Gabriela Penka, VMAS, ayudó a dirigir la mirada hacia las realidades concretas y los desafíos que afronta hoy la Iglesia, especialmente la presencia y la atención pastoral a los migrantes y solicitantes de asilo. El servicio misionero, recordó, comienza prestando atención a las personas y a las realidades que nos rodean.
Sin embargo, el taller fue mucho más que una serie de intervenciones. Se convirtió en una oportunidad para encontrarse como Iglesia, compartir experiencias, escucharse mutuamente y descubrir que, a pesar de las diferentes realidades y carismas, todos estamos llamados a caminar juntos.
Para el Comité, este encuentro anual constituye una valiosa oportunidad para detenerse, escuchar, discernir y renovar el compromiso misionero en Tierra Santa. En este año del centenario, el taller también recordó el camino misionero recibido y la responsabilidad de llevarlo adelante.
Porque la misión no comienza únicamente con lo que hacemos. Comienza cuando abrimos los ojos para reconocer a la persona que tenemos delante, escuchamos lo que necesita y dejamos que Jesús nos muestre cómo estar presentes.