SENEGAL - MAURITANIA – “La Iglesia de Kaolack, misionera de esperanza entre los hombres»: tema del nuevo año pastoral de la diócesis de Kaolack

12 enero 2026

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Tras el Año de la Esperanza, la diócesis de Kaolack ha puesto en marcha las actividades del año pastoral 2025-2026 con una sesión inaugural de cuatro días centrada en el tema: «Iglesia de Kaolack, misionera de esperanza entre los hombres», acompañado del subtítulo: «La gloria de Dios es el hombre que camina con la cabeza erguida» (san Ireneo de Lyon).

Las sesiones se han articulado en torno a varios ejes específicos: la reestructuración de los organismos pastorales mediante las comisiones diocesanas (apostolado de los laicos, catequesis, comunicación, liturgia, familia, vocaciones, justicia y paz, teología e inculturación); la estructuración y puesta en marcha de los consejos pastorales parroquiales y de los consejos parroquiales para los asuntos económicos; así como el análisis y diagnóstico de la situación económica.

Estos encuentros han ofrecido a los agentes pastorales y a sus colaboradores -presentes en los distintos consejos parroquiales, estructuras y movimientos de acción-, instrumentos concretos y un marco de referencia para la consulta, además de la capacidad de iniciar y sostener procesos de transformación eclesial que permitan a la diócesis convertirse en verdaderamente misionera y formar discípulos misioneros.

 El año pastoral 2025-2026 ha sido concebido como el punto culminante de una dinámica diocesana orientada a una Iglesia misionera, una Iglesia madura y capaz de caminar hacia la autosuficiencia, apoyándose en sus propios recursos espirituales, humanos, materiales, sociales y económicos.

El programa se inspira también en el pensamiento de san Ireneo de Lyon: «La gloria de Dios es el hombre que vive ». Ese hombre íntegro representa la encarnación de un desarrollo humano integral que tiene en cuenta las dimensiones espiritual, humana, social y económica.

En su visión pastoral, el obispo Martin Tine ha delineado un horizonte que exige de cada miembro de la diócesis un impulso renovado (cf. Ef 4,24) y una audacia generosa en el seguimiento de Cristo, testigo de la gozosa esperanza de la salvación en Jesucristo.