12 de octubre - El Rosario Viviente, con referencia a San Ignacio de Loyola

12 octubre 2021

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Una de las preguntas que surge es la siguiente: ¿cómo rezar fructíferamente el Rosario? Pauline se apoyará en los métodos de meditación de Ignacio de Loyola (1491-1556). «San Ignacio propone tres métodos para meditar el Rosario – El primer método contiene tres formas de meditar – El primer modo: referirse al significado de las palabras – El método de Paulino sobre el Padre y el Ave María» (Pauline Jaricot, Le Rosaire vivant, op. cit., p. 83). El segundo método tomado de san Ignacio es la contemplación: «Hacer presente y provechoso el misterio contemplándolo – Jesús encontrado en el Templo – Recoger la miel de la Sabiduría divina, contemplando a las personas, sus palabras, sus acciones» (Pauline Jaricot, Le Rosaire vivant, op. cit., p. 96). El tercer método de San Ignacio que Pauline ha utilizado y ofrecido a sus asociados y compañeros lectores se llama “aplicación de los sentidos”. «El más simple, el más fácil, el más dulce: la aplicación de los sentidos – Hace descubrir a Dios, da un conocimiento de sus misterios, una ternura de amor – La Coronación de Espinas» (Pauline Jaricot, Le Rosaire vivant, op. cit., p. 110).

El primer método, tomado de los ejercicios de San Ignacio, consiste en «recitar una oración vocal, para separar, por el intervalo de una respiración, cada una de las palabras que la componen, ocupando, durante ese tiempo, su mente, o el significado de esas palabras, o la dignidad de la persona a la que se reza, o su propia indignidad» (Pauline Jaricot, Le Rosaire vivant, op. cit., p. 83). Meditemos, por ejemplo, en el segundo misterio gozoso, la Visitación, centrándonos en el significado de las palabras. Se trata ante todo de detenerse en la palabra Pater o Padre Nuestro y de elevar su corazón hacia Dios, nuestro Padre, sabiendo que él es el Creador de todo lo que existe, un Padre para contemplar, para honrar. Dios nuestro Padre que estás en los cielos, cuya providencia dispone de todas las cosas para nuestro bien y para tu gloria, para el conocimiento del Salvador Jesús, tu Hijo, para la santificación de las almas… Santificado sea tu nombre, como lo fue en este misterio, por María, por Isabel, por Juan el Bautista, que sea así en mi corazón y en todas mis obras; ya sea en mi familia, en todo el universo…

Venga a nosotros tu reino, y sea establecido para siempre en mi alma, a través de Jesús y María, como está establecido en el alma de este pequeño niño que, desde el vientre de su madre hasta su muerte, nunca se desvió de la obediencia que te debía… Hágase tu voluntad, etc. ¡Dulce voluntad! Felicidad de los ángeles en el cielo; y, en la tierra, ¡el único placer de los justos!… Danos, etc… Perdónanos, etc… Y no dejes que entremos en tentación, etc… Protégeme de toda debilidad, distracción voluntaria, aburrimiento, tentación durante este rosario… «Pero líbranos del mal… y por los méritos de Jesús y María en este misterio, infúndeme tanta aversión por las faltas opuestas a las virtudes que allí practicaron, que nunca dejo de luchar contra mí mismo y seguir sus pasos» (Pauline Jaricot, Le Rosaire vivant, op. cit., p. 85).

El método se aplica a las palabras del Ave María. Pauline se ofrece a llevarse el misterio de la Resurrección. «Dios te salve… En unión con tu divino Hijo, con toda la corte celestial, donde resucitado gloriosamente, viene a poner fin a tus dolores… Dios te salve María… No, en adelante tu nombre ya no designará la amargura muy amarga de la angustia y dolor, sino el de Soberana, habiendo entrado tu hijo, por su Resurrección, en la gloria y la omnipotencia que le eran debidas… Llena eres de gracia…» (Pauline Jaricot, Le Rosaire vivant, op. cit., p. 85). Aquel después de quien suspiró el corazón de María, el que estaba muerto, este niño, su hijo, ha vuelto a la vida, a usted; disfruta de tu felicidad, oh Madre mía, y déjame participar… Estas son algunas de las ideas y propuestas de Pauline. Y un poco más adelante, «Reza por nosotros, pobres pecadores, etc… porque la obra de nuestra salvación es obra de misericordia; y, siempre frágiles, siempre pecadores, necesitamos ser elevados, por así decirlo, a cada momento… Ruega a tu divino Hijo que nunca deje de extendernos una mano protectora; que no permite que caigamos en pecado mortal; o, si alguna vez, nos llegara a pasar esta espantosa desgracia, que nos ayuda a hacer, a tiempo, penitencia… etc.» (Pauline Jaricot, Le Rosaire vivant, op. cit., p. 86).

Este método que todos estamos invitados a aplicar no es una indicación estricta que requiera que todos usemos las mismas ideas, los mismos pensamientos. No se trata de copiar las ideas indicadas aquí. Se trata de pronunciar las palabras indicadas, de meditarlas, de relacionarlas con Dios, con el Señor Jesús, con María y con nuestra salvación. Debemos acercarlos a los misterios de la salvación, al misterio que queremos meditar, poniendo en él todo nuestro corazón y toda la sencillez necesaria.